Hoy no vienes, no hay tiempo o no estás, como casi siempre. Hoy cancelas por un café, o resulta ser el cumpleaños del primo de un tío lejano del vecino de tu prima Isabel.
Amarás a Dios sobre todas las cosas, sobre la mesa y la mujer que crees que amas, sobre tus padres, sobre la patria, sobre la cama.
Yo soy dueño de la mitad de todo cuanto ha acontecido entre tus manos y las mías, soy dueño de la mitad de los besos, de la mitad de las noches y de las alegrías...
Esta noche hay casa sola, y en lugar de hacer fiesta los muebles enmudecen, se entristecen y lloran...
Lo peor de todo no es que te hayas ido, ni que no me extrañes, ni que no regreses. Lo peor no es el vacío que me dejas...
Esto es suficiente, este nosotros sin promesas, sin antes ni después, sin aclaraciones ni certidumbres. No quiero seguirte o que me sigas, quiero domingos a tu lado cada día...
Desconozco si Nancy tendrá los ojos tristes, el cabello largo o el pasado lleno de cicatrices, si sonríe mientras se maquilla o si sueña con irse a París, pero sé que él la ama, que la ama y que lo siente.
Yo solía creer que el cielo era azul porque Dios era niño, que el amor era rojo y se tenía que aprender, y que masiosare era un extraño enemigo...