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Un tal Merino

Textos de Alejandro Merino

John Smith región 4

Hoy puedes comprar papeles por sesenta dólares. Todo el mundo -el mundo ilegal, es decir, más de cincuenta millones de personas en Estados Unidos- lo sabe. Basta entrar a la cocina de cualquier restaurante y preguntarle a algún mexicano si conoce a alguien que venda papeles. Y siempre hay alguien.

Otro Mundial fuera de casa

Luis García festejando el gol: ¡Agüevo, hijos de su puta madre! Ese grito de falsa victoria que encierra y expresa tanto de México es mi primer recuerdo mundialista.

Veinte años

En este país fui lavaplatos, mesero, mánager de un restaurante de burritos, locutor de radio en una estación de música grupera (seguramente el trabajo más odioso que he tenido)

Hombres, dioses y monos

Sita, la chica que hace la limpieza de mi edificio, y a quien a pesar de llevar el nombre de una princesa, no puedo saludar de mano por ser una dalit: una paria, una descastada, destinada por el Karma a lavar ropa, limpiar letrinas o recoger basura

De la Roma a Ecatepec

Agnieszka viene a México este verano, y desde que lo acordamos pienso en si no debería mentirle un poco –o mucho- cuando llegue.

La paradoja de los molletes del rey Salomón

Solo aquellos verdaderos amantes de la comida podrán entender el dilema. Hasta podría tratarse con rigor matemático, con la seriedad del dilema del prisionero, el hotel infinito de Hilbert o la paradoja de Aquiles y la tortuga.

Tan cerca de Fonsi, tan lejos de Silvio

Una cena de Año Nuevo de parejas mixtas, para rabia del gobierno ultraconservador de este país: dos colombianos, un venezolano, un español, un chileno, un mexicano y seis polacas. Vodka y guacamole, jamón serrano y sernik, zupa gulaszowa y uvas a la medianoche, szczęśliwego nowego roku y correr con las maletas alrededor de la casa.

Viernes del 92

Pero Alejandro, ¿cómo lo vas a mandar solo hasta allá?, ¿y si le pasa algo? No le va a pasar nada, pos si no es tonto, ¿o sí? ¿quieres que se vuelva un inútil? Que aprenda a andar solo.

Y si la muerte, hoy, en Varanasi…

El olor, olor a carne quemada, olor a carne humana quemándose…

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