Todo lo que tanto nos dolió, toda nuestra rabia virtual, nuestro apoyo en 140 caracteres, nuestras firmas electrónicas, todo aquello que juramos no olvidar, empieza a olvidársenos.
La muerte debería ser voluntaria, cada quien debería elegir el lugar y el momento preciso para abandonar este mundo.
La sobrina de P tenía diez años, desaparecida, o mejor dicho secuestrada en una pequeña ciudad cerca de la frontera con Estados Unidos. Su cuerpo fue encontrado ocho días después. Le habían extraído un riñón y se encontraron restos de látex y de cocaína en su sistema digestivo y en otras cavidades.
¿Y qué tal México? Me preguntan a menudo estos días. Bien, respondo hipócrita, tragándome la rabia y la tristeza, tratando de no escupir por los ojos el horror cotidiano
Estas diez postales no son ni las más violentas, ni las más inverosímiles, ni las más devastadoras; son historias que acompañan el desayuno de los mexicanos todos los días.
Nada ha cambiado desde que tu hermano murió. Nada. Así que míralos bien, escúchalos bien, y entonces te darás cuenta de que matarlos de una sola vez es más… digamos, piadoso.
Darina llegó a Cracovia para hacer una estancia laboral casi el mismo día que yo. Se interesaba mucho por Latinoamérica, y me contaba historias sobre su ciudad, su gente y sus costumbres. Siempre encontramos más diferencias que similitudes. Un día antes de marcharse a su natal San Petesburgo me preguntó: ¿Crees que los rusos y los mexicanos se parezcan en algo, quiero decir, en algo de verdad esencial?