Dejaron de dolernos sus nombres, dejamos, con mucho esfuerzo, de cargar con sus adioses. Finalmente los vencimos.
Yo cada día pienso menos en ella, tú ya no miras de reojo cuando en la calle crees reconocerlo a él.
Dejaron de dolernos sus nombres, dejamos, con mucho esfuerzo, de cargar con sus adioses. Finalmente los vencimos.
Yo cada día pienso menos en ella, tú ya no miras de reojo cuando en la calle crees reconocerlo a él.