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Un tal Merino

Textos de Alejandro Merino

Tu embrujo y estas calles

  Hice lo que pude para que quisieras quedarte, y no bastó.   Busqué incansablemente las palabras que pensaba necesarias, y cuando creía tenerlas en la punta de los ojos, se me escapaban siempre por el rabillo de tu lengua.... Seguir leyendo →

En este momento…

Llevo un mes pensando en lo que pasó en estos seis años. O en lo que dejó de pasar, en lo que va a pasar ahora, en lo que no quiero que pase.

Simulacros #3

Dejaron de dolernos sus nombres, dejamos, con mucho esfuerzo, de cargar con sus adioses. Finalmente los vencimos.

Los últimos poetas muertos cracovianos

Durante más o menos un año, un español, un colombiano y un mexicano se reunieron cada dos sábados en algún bar de Cracovia para hablar de literatura –aunque a veces terminaban hablando del desgobierno polaco, de punk y neoporno, o del precio de la carne o cualquier tontería-

Con lo poco de un taxista

El guía del Free Walking Tour –un joven israelí- nos deja muy claro que no es recomendable ir a los territorios palestinos, que puede ser peligroso y que es muy complicado pasar los controles, el camino es largo, el transporte malo, etc. Pero Dean –un canadiense de padres colombianos que conocí durante el tour- y yo, estamos empeñados en visitar Palestina, así que después de preguntar un poco aquí y allá logramos subirnos a un destartalado minibús hacia Belén, en la región palestina de Cisjordania.

Ojos rusos, jueves grasoso

Es el mejor día del año, y uno de mis sueños se me presenta en bandeja de plata. Mi amigo Nacho me dice que si quiero ser parte del jurado del jueves grasoso, o jueves gordo, como lo llaman en inglés (Fat Thursday). Y yo por un momento creo en un Dios bondadoso, aunque minutos después lo maldiga.

Café sin Szymborska

Como me sucede a menudo, llegué tarde a ella. Me enteré de su existencia al siguiente día de su muerte, cuando todos los diarios polacos hablaban de la hija adoptiva de Cracovia, la gran poeta Wisława Szymborska.

Simulacros #2

Yo cada día pienso menos en ella, tú ya no miras de reojo cuando en la calle crees reconocerlo a él.

Romper el violín y callarse

También era verano, y mis hermanas y mi sobrino habían venido a Europa y querían conocer el campo –bueno, en realidad mi sobrino quería solo conocer estadios de futbol: el del Estrella Roja de Belgrado o el del Dínamo de Zagreb, pero tuvo que ceder-.

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