Magda me hospedó durante mis primeros días en Cracovia. Me orientó, me ayudó, me prestó una bicicleta para explorar un poco la ciudad. Un día me preguntó si quería ir a una fiesta. Podemos irnos en bici, dijo. Claro, respondí. Nunca había ido en bici a una fiesta. Así que sacamos sus dos bicicletas del sótano y nos dirigimos a Kazimierz, el barrio judío. En 15 minutos ya estábamos en el lugar; un bar con una terraza llena de árboles y enredaderas. Una pareja de amigos suyos se mudaban a Suecia, y al lugar fueron llegando más amigos para despedirse. Magda y yo fuimos a la barra por una cerveza. No recuerdo la marca, pero como muchas, era grande como una caguama y tenía 9.5 grados de alcohol, así que yo, que soy un bebedor mediocre, con una tuve suficiente. De hecho, la mayoría de los invitados llegaba, se tomaba una cerveza y se iba; los valientes pedían otra, y los más osados se tomaban tres. La chica que se iba a Suecia y un par de amigos suyos hablaban español, así que no lo pasé tan mal. No estuvimos ahí mucho tiempo, una hora tal vez. Salimos del bar y fuimos por las bicicletas, que estaban encadenadas a un poste. Yo estaba a punto de dar la primera pedaleada cuando Magda dijo:
 
-No. Tenemos que ir caminando. No podemos subirnos a la bici.
 
Mi gesto de confusión debió ser grande, pues agregó:
 
-No se puede andar en bici si has bebido alcohol. Nos pueden multar.
 
La miré unos segundos, y estaba a punto de picarle las costillas con un dedo y decirle ja ja ja, qué buen chiste, Magda, pero algo en su semblante se hizo pensar que la cosa iba en serio. Así que tomamos las bicicletas y caminamos con ellas hasta su casa. Llevábamos apenas unos metros de camino, cuando ella agregó:
 
-Además, no traemos luces.
 
 
A la siguiente semana encontré departamento y me mudé. Comencé a trabajar, me compré una bici usada. Durante dos meses escuché varias anécdotas sobre lo estrictos que pueden llegar a ser los policías si cometes una infracción. A una amiga la multaron por cruzar la calle por donde no había líneas blancas, a otro por caminar por el carril para bicicletas. Y más de una vez escuché que es verdad que si vas en bici con aliento alcohólico te pueden multar, y hasta quitar la bici; o que es obligatorio traer luces (blanca la delantera y roja la trasera), pero al ver que la gran mayoría de gente circula de noche sin luces en sus bicis, me parecía todo una exageración. Además, uno siempre se puede excusar alegando que es turista y que no conoce las leyes, o fingir que no entiendes lo que te dice el policía. I´m sorry I´m sorry no sabía, muchas gracias y hasta luego.
 
Seguí pensando que todo era leyenda urbana hasta que hace dos semanas, cuando iba en plena avenida Krasinskiego y sintiéndome Lance Armstrong a las tres de la tarde, un policía se me paró enfrente y me hizo detener. Buenas tardes joven, una revisión de rutina, si me permite, sóplele aquí por favor. Todo esto en polaco, pero supongo que más o menos era eso lo que me decía mientras sacaba la maquinita delataborrachos y un chupón nuevo y esterilizado –según me mostró sacándolo de la envoltura-. Cero punto cero grados. Muchas gracias joven, disculpe las molestias, que pase un buen día. O eso quiero pensar, porque bien pudo decirme jebani imigranci y yo ni me enteré.
 
Supe entonces que lo del alcoholímetro iba en serio. Supe que tenía que comprarle luces a la bici de inmediato. El problema es que siempre me acuerdo en las noches y las tiendas ya están cerradas, así que estas dos semanas, cuando salgo del trabajo y recuerdo nuevamente que no traigo luces, tengo que caminar con la bici hasta mi casa, con un frío que te cagas. Mi visa de turista ya se venció, así que no puedo alegar que estoy de vacaciones y que no sabía; mi visa de trabajo aún no ha sido aprobada, por lo que en estos momentos mi situación legal está en una laguna.
 
Mañana sin falta le compro las luces, pienso mientras camino los 4 kilómetros que hay del trabajo a mi casa, temblando de frío mientras otras bicicletas pasan veloces a mi lado y sin luces. Busco policías por toda la calle, y estoy tentado a subirme y pedalear, pero me contengo. Ya me imagino lo penoso y ridículo que sería la escena:
 
-¿Qué pasó, Merino? ¿Por qué te regresaste?
 
-…
 
-¿No te gustó Polonia?
 
-Me deportaron por no traer luces en la bicicleta.