Y todo hubiera quedado ahí, en serio, con estos dos ateos yéndose a algún bar de plac Matejki muy contentos por tener una biblia en polaco y poder consultar de vez en cuando algunos versículos. Todo hubiera quedado ahí si el señor cura no se hubiera puesto pesado e insistente. En serio, yo solo quería una biblia; con eso quedábamos a mano por las interrupciones. Pero no.
Ella se va y yo entro a mi siguiente clase, pero durante el resto de la tarde sigo pensando en eso que he querido escribir desde hace ya más de un mes y no he podido. Sobre Ayotzinapa, sobre la marcha, sobre mi hermana Carmen.
Hay un hombre, en algún sitio, a quien no conozco, a quien no odio, pero al que imagino. Lo único que sé de ese hombre, es que te ha invitado un café...
profanos gimnofíliacos dando vueltas, delirantes, empapados, las uñas no bastan, vamos en picada al abismo...
Por cada risa entre amigos, un feminicidio; por cada beso, una bala; por cada abrazo, un desaparecido. Me da miedo volver a esta ciudad, esa es la verdad
Hace unos días te escribí un poema. Me tomó casi una tarde, un café y dos vodkas.
Ojalá vinieras un día. O tres. Un día de octubre, un día de enero, y un día de junio.
He sabido también que has hecho todo lo que has querido, que te casaste que lo amas y él a ti, que disfrutas tu trabajo, que tu familia está bien...