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Un tal Merino

Textos de Alejandro Merino

Categoría

Relato

Putas lavadoras

No fue precisamente excitación lo que sentí, no me provocó una erección ni me hizo entregarme a las artes de Onán. No era la primera mujer desnuda que veía en la pantalla (por aquel entonces yo ya conocía a Savannah, Janine Lindemulder y algunas otras chicas Vivid, pero ninguna de ellas se comparaba con la chica italiana que en ese momento aparecía). No, no fue excitación, fue el mismísimo síndrome de Sthendal en toda su pureza.

Que Marcos tenga razón

-Aun así, joven, –agrega con tono tranquilizador- podemos encontrar la salvación si nos arrepentimos de nuestros pecados. Si usted se arrepiente de sus faltas, el Señor le dará vida eterna. Casi siempre te divierte hablar con los emisarios de La Palabra del Señor, hacerte el ingenuo, el hereje, el ateo, el escéptico. Pero esta vez tienes demasiado sueño y quieres volver a la cama. -Señora, orgasmo y arrepentimiento son dos términos contradictorios.

P. D: Mátalos a todos

Nada ha cambiado desde que tu hermano murió. Nada. Así que míralos bien, escúchalos bien, y entonces te darás cuenta de que matarlos de una sola vez es más… digamos, piadoso.

La huelga que se llevó a Gisela

“Mira cabrón –así le dijo Taibo II al chico de la grabadora-, yo te aseguro que cualquier hombre, cualquiera, puede conquistar a cualquier mujer, con los Veinte poemas de amor y una canción desesperada, de Pablo Neruda”… No escuché el resto de la entrevista. Cuando le hicieron la siguiente pregunta yo ya estaba corriendo por toda la feria, buscando el famoso libro de ese tal Pablo Neruda.

¿En qué nos parecemos?

Darina llegó a Cracovia para hacer una estancia laboral casi el mismo día que yo. Se interesaba mucho por Latinoamérica, y me contaba historias sobre su ciudad, su gente y sus costumbres. Siempre encontramos más diferencias que similitudes. Un día antes de marcharse a su natal San Petesburgo me preguntó: ¿Crees que los rusos y los mexicanos se parezcan en algo, quiero decir, en algo de verdad esencial?

Ella se equivoca

Una y otra vez, con infinita paciencia, me corrige la pronunciación de los dígrafos dz, sz, ść, y yo los vuelvo a pronunciar mal; me repite por enésima vez la terminación się de los verbos reflexivos. No desespera. Pone su mano sobre la mía, apenas un segundo, un roce, y sonríe y me dice que sí, que el polaco es muy difícil, pero que no lo hago tan mal (qué bello eufemismo el suyo para decirme que hay otros más ineptos).

El alcoholímetro cracoviano

Supe entonces que lo del alcoholímetro iba en serio. Supe que tenía que comprarle luces a la bici de inmediato. El problema es que siempre me acuerdo en las noches y las tiendas ya están cerradas, así que estas dos semanas, cuando salgo del trabajo y recuerdo nuevamente que no traigo luces, tengo que caminar con la bici hasta mi casa, con un frío que te cagas.

Patético revolucionario

El propósito, al principio, era organizar algunas actividades culturales para cerrar el ciclo escolar. Junto con un par de románticos-pelotudos profesores se habló de ciclos de cine, recitales de poesía, teatro, trova, etc. Eso, ríanse de nuestra ingenuidad; queríamos, de pronto, convertir aquella prepa perdida en un barrio gris y violento de Naucalpan en el café Les Deux Magots.

El punto G del terror

Para los que gustamos del género fantástico, esa colección, de la ya desaparecida editorial Martínez-Roca, es el Santo Grial de lo macabro; el Manto Sagrado de la literatura de terror. Una antología de cuentos que no se publicaron en ningún otro libro o revista, y que se titula simplemente Horror. Yo poseo únicamente un ejemplar, el número 7.

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