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Un tal Merino

Textos de Alejandro Merino

Categoría

Relato

Estimado Mario Vargas Llosa:

Hace unos años me fui a vivir a Chiapas a trabajar como profesor de Lengua y Literatura. La verdad es que me fui porque pensaba que sería un profesor rural, que viviría en medio de la selva Lacandona, y que llevaría una vida sencilla y tendría tiempo para escribir mi tesis de maestría.

López corriendo

López tenía simplemente una especie de ligero retraso mental; lo revelaban sus facciones: su frente demasiado ancha, la forma de su boca, su estatura, la blancura de su piel, su manera de caminar. Parecía frágil. Y nosotros teníamos 12 años y éramos crueles como solo se puede ser a esa edad.

El karma son 8 tacos de pastor

Al siguiente día de haber llegado a Chilangolandia, mi carnal El Gordo –con quien he comido cientos y cientos de tacos desde hace 20 años- pasó por mí y me llevó a uno de esos clásicos puestos callejeros de lámina blanca a comer tacos de suadero. Los típicos de muerte lenta.

Música, poesía y el Río de la Plata

A pesar de todo eso, Buenos Aires siempre estuvo lejos, hasta que en Cracovia conocí a Mariana (porteña y bostera de corazón), y sus pláticas me fueron despertando de nuevo las ganas de viajar a La ciudad de la furia. Vení, mexi, es relindo, me decía antes de volver a Argentina.

Un georgiano dylaniano

Tbilisi resulta más bien triste. Deprimente. Pero yo soy un chilango, y soy más de ciudades, y por muy fea o aburrida que me digan que es una capital, siempre quiero visitarla y comprobarlo.

El autoestopista inexperto

Me bajé del autobús mucho antes de donde debía, y en cuanto este se perdió en el horizonte supe que la había cagado. Me encontraba de pronto en medio de una carretera rural, sin nada vivo a la vista, en algún rincón olvidado de Letonia.

En el estómago de Eva

De todas las bendiciones que me ha dado el Señor, la que más le agradezco es mi resistente sistema digestivo. Amo mi estómago, mis intestinos y mi colon. Puedo comer cualquier porquería, cualquier insalubre alimento, y ahí está mi estómago, haciendo lo suyo. No se inmuta, todo lo recibe, y todo lo digiere. Y así voy por la vida; comiendo deliciosas cochinadas. Gracias, Señor, por este estómago de neandertal.

El ladrón de bicicletas

Da lo mismo 38 que 48 grados, eso es, simple y llanamente, un pinche calor de la chingada. Y lo mismo pasa del lado opuesto con el frío, algo que aquí en Polonia es constante. A veces hace frío, mucho frío, frío con sol, o hasta frío rico, pero por ahí de los 15 grados bajo cero, ya no importa. Lo mismo da -15 que -25. Eso es, simplemente, un chingo de frío.

La chica que me arruinó los otoños

Hoy, cinco años después de tu muerte, me doy cuenta que ya no recuerdo la ropa que llevabas aquel último día que nos vimos; todos esos detalles que podía reconstruir de memoria son ahora borrosos. El camino desde mi casa de entonces hasta tu casa de entonces se me ha olvidado por completo. Tu voz también está desapareciendo; me cuesta mucho recordar el tono que tenía, o los detalles de tus manos.

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