Buscar

Un tal Merino

Textos de Alejandro Merino

Etiqueta

Ellas

Daga y una campana

Daga. Cómo no querer pronunciar un nombre así. Cómo no querer develar el misterio de alguien que se presenta diciendo: soy Daga. Cómo no confundirse, cómo no quedar atrapado. Cómo no resultar herido por una mujer que se llama Daga. Con Daga todo fue un misterioso juego desde el principio; desde su nombre hasta su vientre y desde sus dedos hasta su historia. Y más misterio aún fue su lengua.

Loca en cama

Al principio simplemente pensé que Paulina estaba un poco loca. Loca habladora, loca inocente, loca divertida. Se había mudado a Cracovia unos meses antes; de Szczeciński, o Szczecinek, nunca me lo pude aprender, pero era uno de esos lugares que los polacos llaman ciudades aunque tengan 60 mil habitantes. Es decir, para mí, un pueblote.

Los más bellos de la Unión Europea

La expresión se la escuché por primera vez a Bárbara, mi profesora de Literatura de la universidad. Orgasmos literarios. Debo reconocer que al principio dicha expresión me pareció exagerada. Risible. Quizá porque en aquel momento yo aún no había tenido ninguna experiencia literaria de ese calibre.

En el estómago de Eva

De todas las bendiciones que me ha dado el Señor, la que más le agradezco es mi resistente sistema digestivo. Amo mi estómago, mis intestinos y mi colon. Puedo comer cualquier porquería, cualquier insalubre alimento, y ahí está mi estómago, haciendo lo suyo. No se inmuta, todo lo recibe, y todo lo digiere. Y así voy por la vida; comiendo deliciosas cochinadas. Gracias, Señor, por este estómago de neandertal.

Mujer-Legión

Pienso y sonrío porque creo que estarás por ahí, con un café y un libro en las manos, o no con un café, y no con un libro en las manos… Quizá con frío, quizá con alguien, quizá con tedio, como el mío.

La chica que me arruinó los otoños

Hoy, cinco años después de tu muerte, me doy cuenta que ya no recuerdo la ropa que llevabas aquel último día que nos vimos; todos esos detalles que podía reconstruir de memoria son ahora borrosos. El camino desde mi casa de entonces hasta tu casa de entonces se me ha olvidado por completo. Tu voz también está desapareciendo; me cuesta mucho recordar el tono que tenía, o los detalles de tus manos.

La huelga que se llevó a Gisela

“Mira cabrón –así le dijo Taibo II al chico de la grabadora-, yo te aseguro que cualquier hombre, cualquiera, puede conquistar a cualquier mujer, con los Veinte poemas de amor y una canción desesperada, de Pablo Neruda”… No escuché el resto de la entrevista. Cuando le hicieron la siguiente pregunta yo ya estaba corriendo por toda la feria, buscando el famoso libro de ese tal Pablo Neruda.

Ella se equivoca

Una y otra vez, con infinita paciencia, me corrige la pronunciación de los dígrafos dz, sz, ść, y yo los vuelvo a pronunciar mal; me repite por enésima vez la terminación się de los verbos reflexivos. No desespera. Pone su mano sobre la mía, apenas un segundo, un roce, y sonríe y me dice que sí, que el polaco es muy difícil, pero que no lo hago tan mal (qué bello eufemismo el suyo para decirme que hay otros más ineptos).

Crea un sitio web o blog en WordPress.com

Subir ↑