Ya no te busco,

tampoco quiero olvidarte,

nunca se ha tratado de eso.

 

Tampoco sé bien si aún te quiero

(no sé ni siquiera a dónde te has ido).

 

De todas las promesas que rompimos,

ninguna duele tanto como esa:

-No te desaparezcas por mucho tiempo.

-Te prometo que no lo haré.

 

Pero lo hiciste.

 

No sé qué te arrastró,

no sé si tú así lo quisiste.

 

Tus libros de Historia aún están en mi repisa,

te han llegado cartas de dos bancos

ofreciéndote tarjetas de crédito,

y a veces suena alguna canción que me recuerda a ti.

 

Pero ya no te busco,

y tampoco quiero olvidarte,

pues sé bien que tú,

o el olvido,

terminarán por venir.

 

Tú o el olvido,

y cualquiera de los dos que al final llegue,

encontrará un lugar aquí.