Tenías razón, ¿sabes?

solo vi una parte de tu imagen,

solo el lado luminoso de tus lunas,

solo un trocito de la fotografía.

 

Solo unas cuantas tardes a la mitad de tus miedos,

solo el valle más claro de tus manos,

solo dos de tus lunares al sureste de tu cuello,

solo un mes antes y después de tus 25 años.

 

Sí, tenías razón.

 

Solo había visto una parte

(y quería más).

 

Más de ti,

más de nosotros.

 

Más de tus noches,

más vino,         más taxis,

más tus ojos.

 

Pero fue solo una parte.

Solo fragmentos.

 

Vi solo el principio,

solo lo que nos cupo en ese bello y cortísimo invierno.

 

Nunca vi, por ejemplo,

tus párpados cerrarse de sueño junto a los míos,

no vi tu cólera estallar ante un problema,

ni tu mal humor –cosa normal- de algunos días.

 

No supe si preparas café por la mañana,

si tienes alergia en primavera,

si cantas suavemente mientras te vistes,

o si te gusta andar descalza por la arena.

 

No lo sé.          No hubo tiempo.

 

No escuché tu voz con resaca,

no vi tu desgana en pijama,

ni tus lágrimas, ni tus enojos.

 

No tuve tiempo de saber si lees los créditos finales en el cine,

o cómo es tu primera sonrisa al despertar un domingo,

si te gusta mojarte cuando llueve a cántaros,

o cómo tiritas de frío.

 

Tenías razón.               Solo vi una parte.

 

Solo nos vimos…

fragmentados.

Incompletos.

 

 

Pero que sepas

(claro, como si no lo supieras)

que también quería    –quiero-

ver el lado oscuro de tus lunas,

la mitad caótica de tu boca,

tus párpados cansados

y el estallido de tu cólera,

tu mal humor y pies descalzos en la arena,

tu desgana en pijama y la lluvia empapándonos,

y vino y besos,

y taxis e incluso enojos.

 

Y todo el caos,

toda la luz y las sombras,

las dudas, la lascivia y las espinas

que nos quepan en la foto.

 

 

 

 

 

 

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