¿Y si te digo que no miento;

que sé que contigo puedo volar o caer,

pero que prefiero hacerlo

con los brazos bien juntos a tu cuerpo,

que quisiera encontrar la respuesta en el vaivén de tu boca

y aprender a leer lo que insinúa tu sonrisa,

que no sé si tus silencios me dicen ven,

aunque tu boca –por momentos- parezca decir vete?

 

¿Y si te digo que por esta noche me basta la ciudad

y tus pasos junto a mí,

que me basta el vino entre tus ojos y mi boca,

que me basta tu voz entre mis ganas y tus dudas?

 

¿Y si te digo que quiero correr el riesgo

aunque después me arrepienta,

que no pretendo comprender,

y mucho menos preguntarte el porqué

de esta luminosa coincidencia;

que no quiero ataduras sino vuelos,

y que corriendo juntos tal vez no sean tan largos los inviernos?

 

¿Y si te digo que no eres la primera,

ni quizá yo el último ni nuestra historia perfecta,

pero que dos horas, tu mirada y un café

hacen que este invierno me parezca primavera;

que me devasta pensar que quizá decidas no quedarte a mi lado,

y que por eso, contigo solo quiero presente, ni futuro ni pasado?

 

¿Y si también te digo, abiertamente,

que solo puedo hablarte del hoy porque el mañana me asusta,

pero que este hoy que te ofrezco puede durarnos tanto…

tanto que podremos bailar aunque se acabe la música?

 

Que sé que podemos temblar unidos,

y descubrirnos,

y reconocernos,

y alimentarnos,

 

que incluso sonrío mientras te espero,

y que desde esta espera te pregunto,

o más bien me pregunto:

 

¿Y si te digo…?

 

 

¿Y si te digo…       ?