Y si un día cualquiera te encontré
 
(por azar, coincidencia o destino),
 
por la razón que queramos creer,
 
si al final un día te encontré,
 
tal vez te vuelva a encontrar.
 
O tal vez te pierda.
 
Puede ser.
 
Tal vez te me pierdas
 
(por azar, coincidencia o destino).
 
Quizá esto es sólo el comienzo,
 
el primer soplo de un viento compartido,
 
o quizá esto ha sido todo,
 
el destello de algo que pudo haber sido.
 
 
Pero si al final un día te encontré,
 
tal vez un día de éstos tú me encuentres también.
 
No quiero decir en otra vida
 
(no, no te quiero en otra vida),
 
no en una transitada calle de Tokio
 
-y quizá no en una mañana de abril-,
 
no 15 años después, llenos de nostalgia.
 
 
 
Te encontré aquí,
 
y aquí espero
 
(por azar, coincidencia o destino),
 
y aquí te quiero y aquí te llamo,
 
aquí sonrío mientras te pienso,
 
y aquí camino esperando un día verte.
 
 
Y si al final un día te encontré,
 
tal vez no haga falta volver a encontrarte
 
                                                                (ni por azar, ni por coincidencia ni por destino),
 
quizá no haga falta encontrarte porque en el fondo
 
-me gusta pensarlo así-

 

 
        tal vez aún no nos hayamos ido.